¿Vale la pena el sacrificio?

La esclavitud moderna y el salario mínimo


EMIGRAR A ESTADOS UNIDOS

Mi nombre es Julieta, nací en el Estado de Morelos, México, la tierra del legendario revolucionario Emiliano Zapata. En la escuela aprendí que los hacendados le pagaban una miseria al campesino y se le tenía siempre endeudado para que no progresara y así no se fuera de la hacienda. Ese fue el porqué de su lucha, de su revolución, para que las riquezas fueran distribuidas de una forma justa y pareja, para que todo aquel que trabajará la tierra fuera dueño de ella.

En la historia pasada y presente vemos que muchos de los grandes imperios tuvieron y tienen en común la esclavitud. Ahora se paga un sueldo mínimo para que el trabajador no se queje y pueda sobrevivir para seguir trabajando y seguir haciendo rico al dueño. Por cierto, fue la fuerza trabajadora la que levantó los grandes monumentos, que hoy en día se ven en las enormes cuentas de banco personales, que sólo un pequeñísimo número de personas disfrutan.


MI PADRE

La primera experiencia de mi padre en Estados Unidos fue desalentadora. Tardó 6 meses consiguiendo pequeños trabajos como jornalero, donde un par de veces no le pagaron y en otras le abusaban, por la cantidad de trabajo que le imponían con relación al pago que le daban.

Finalmente encontró trabajo en una fábrica de fibra de vidrio donde empezó ganando el salario mínimo. Por su excelente trabajo le subían unos centavos al año. Trabajó en esa misma fábrica por 32 años. Ahí pintaba mesas de fibra de vidrio, era un trabajo repetitivo que le terminó desgarrando sus hombros. Tuvo que retirarse antes de tiempo, con una pensión baja, donde le pagaban menos que a un jubilado de su tiempo.

Mi padre siendo un hombre muy inquieto encontró la forma de hacer dinero extra. Aun sin saber leer o escribir el aprendió bien de unos de sus tíos la mecánica de carros. El siempre se las ingeniaba para comprar carros baratos o descompuestos. Llegaba de su trabajo en la fábrica y se ponía a reparar carros. Cuando aprendió el arte de pintar, los lijaba, les arreglaba los golpes y los repintaba. Quedaban como nuevos. Pero el siempre contabilizaba el poco dinero que ganaba, pero nunca incluía todo el trabajo que realmente invertía.


MI MADRE

En México, uno no abandona a las personas ancianas y de ahí viene mi Madre. Ella trabajaba en una casa particular cuidando a una anciana, dónde apenas le pagaban 60 dólares por semana. Ella realmente trabajaba 30 horas o más. Mi madre se encariño con la anciana, ella decía, “para estar en la casa haciendo nada, aunque me paguen menos, gano $60 que en la casa nadie me da.” Como ven para mi madre el mal pago era su obra social. Eso era mucho menos que el salario mínimo de ese tiempo. En ocasiones una mujer como mi madre prefiere lo seguro a exponerse a un ambiente más competitivo e inseguro. Sin embargo, cuando ella tuvo la oportunidad de trabajar en una fábrica donde le pagaban el salario mínimo por pintar muchos productos, entonces ella sí dejó de trabajar con la anciana.

MI PRIMER TRABAJO

A mis 14 años, en uno de esos veranos, mi Madre no aguantando la situación en casa y de sopetón decidió llevarme a un campamento de verano para niños de primaria. Abrió la puerta del carro y me dijo bájate y diles que quieres ser voluntaria, luego se fue dejándome ahí sin otra opción. Por suerte me aceptaron y cuando terminó la primera semana la directora del Centro de Acción Social, estando muy contenta con mi aporte me dio la solicitud de empleada para empezar a ganar mis primeros salarios mínimos, mis primeros cheques en la vida. Después del verano me llamaban del Centro para ayudar voluntariamente en la repartición de pavos en el otoño y las canastas navideñas en el invierno.

En el Centro de Acción Social lo monetario no fue la única parte importante que aprendí, también fue la experiencia y el arte de estar al servicio de la comunidad. Después la vida me llevó por otro camino e ingresé durante la preparatoria a una escuela técnica donde me hice cosmetóloga. Así empecé a ganar más que el salario mínimo y eventualmente me volví empresaria, co-dueña de un salón de belleza. Por ello no me quedaba tiempo suficiente y fue así como me aleje del voluntariado y ayudar a mi comunidad por muchos años, pero nunca la olvide porque yo vengo y soy de la comunidad.



MI PRESENTE

Curiosamente ahora mi trabajo es luchar por garantizar que se pague un salario mínimo justo y evitar abusos patronales con los sueldos de sus empleados. Me encargo de averiguar, educar, informar y denunciar si a alguien no se le paga el salario mínimo. Los tiempos han cambiado y la vida es más cara. Dicen los expertos que sí se ganara el salario correcto deberíamos ganar entre $20 y $22 por hora.

Hay mucho que decir, pero yo empecé en esta lucha del salario mínimo por otra pelea parecida, por la justicia e inclusión en la educación a través de la escuela de mi hijo. En el Distrito Unificado de Escuelas de Pasadena sentí discriminación, pues no se nos incluye en muchas decisiones. Esto pasó cuando mi hijo estaba en primer grado.

Donde el 95% de alumnos son latinos, y de bajos ingresos se cambió directores en 4 escuelas donde en las otras 3 escuelas se les dio la oportunidad de escoger su nuevo director menos en nuestra escuela, Entonces con las mamás, junto con la maestra de mi hijo, nos indignamos y fue cuando empecé a mirar lo que sucedía en nuestra comunidad de la desigualdad que existe. Peleamos por mucho tiempo, hasta que finalmente ganamos. Pero aun seguimos luchando por justicia educativa en las escuelas.

En ese entonces empezaba a formarse la campaña para exigir al Consejo Municipal que aprobara el incremento del Salario Mínimo a $15 por hora. Se beneficiarían más de 10,000 trabajadores de bajos recursos en una de las ciudades más ricas del país. La ciudad del famoso Desfile de las Rosas no pagaba a sus trabajadores lo justo en la empresa privada, era una vergüenza. Así me involucré más en acciones políticas, no de partidos, pero de cambio social.


Fue hasta entonces que supe quién era el concejal que representaba el área donde vivo, el nombre del alcalde, y también conocí a personas progresistas que les interesaba pelear por un poco más de igualdad. Gracias a esos grupos, reuniones y demostraciones por la campaña de aumento del salario mínimo, es que ganamos cuando nadie pensó que se podía ganar. Este 2021 de pandemia y dolor, también viene acompañado de esperanza y triunfo porque en Pasadena, California el salario mínimo es $15 por hora. Hasta la fecha el doble del promedio nacional.

Parte del triunfo de la campaña es que se asignó a una organización comunitaria de base para que se eduque a los trabajadores de cómo funcionaba ahora el salario mínimo en esta ciudad. Yo fui la afortunada, de pasar como Madre soltera en la lucha por mi hijo, por justica en la educación, a ser educadora y organizadora por las luchas de los derechos laborales. Cuando me seleccionaron para abogar por el pago correcto y que no se abuse a la clase trabajadora, empecé la jornada de conocer más a fondo la vida de los trabajadores. He podido aprender a conciencia que cuando la gente se une, se organiza y exige sus derechos los de arriba escuchan y se ven obligados a cumplirle a la gente.

Así empecé este trabajo de abogacía, en unión con la persona asignada oficialmente para trabajar conmigo por parte de la ciudad, quien resultó tener una actitud de mucha empatía, paciencia y por suerte con su corazón en el lugar correcto. Ha tenido mucha apertura sobre la situación del inmigrante y entiende porque el inmigrante a veces se “aguanta” que le roben el salario sin protestar, es decir, esta persona bien intencionada y como oficial de la ciudad, le costaba asimilar por qué alguien se “conforma”, si no le han pagado por lo que ha trabajado tan arduamente. Poco a poco empezó a comprender los riesgos que toma una persona cuando denuncia el robo de su salario.


Cuando salía y hablaba con los trabajadores y me decían de frente cómo les robaban su salario, pero por miedo a perder su trabajo no estaban dispuestos a reportarlo. Me indigna y enfurece aún, pero me arme de paciencia y con mucha dedicación regresé con los grupos comunitarios y les informe, entonces junto con mi organización se exigió que las quejas de robo de salario procedieran con la intervención de la Ciudad y que fueran oficialmente anónimas.

En el año 2018 recuperamos $72,123. En 2019, más de $120,000. Recibimos muchas felicitaciones, pero para mi esto no era para festejar, a mi manera de pensar, es que se destapó la podredumbre de la explotación de la clase trabajadora. Ese dinero es apenas de las pocas personas que se atreven a reportarlo, y que luchamos juntas y juntos para recuperar lo que les pertenece. Imagínense cuantos miles de personas más siguen callados, temerosas, sin reportar el robo de salarios y otros abusos más. Por eso sigo en la lucha, me da coraje, no es para celebrar, sino para cargarnos de energía y pasión para seguir luchando y organizando a la comunidad trabajadora.

En el año 2021 toda la ciudad de Pasadena ya está ganando 15 dólares por hora. La renta de vivienda está por los cielos. Hay veces que se juntan entre 10 a 15 personas en un apartamento para dividirse el pago de la renta, con lo que se ponen en riesgo de que los corran en cualquier momento. Esto hace muy difícil encontrar otra vivienda, y ya prácticamente en la calle, no hay otro camino que dejar la ciudad e incluso el estado.

Es claro que patrones que roban el salario están violando la ley. Estos son mañosos y siempre encuentran la forma de manipular al trabajador, aparte que le roban su salario, también le abusan verbal y psicológicamente, haciéndolo sentir que es afortunado de estar trabando para él, aunque no “trabaje bien” ni lo “suficiente”. Siempre le están echando en cara los “defectos” de su trabajo. Eso lleva a disminuir al trabajador a la mínima expresión. Con los trabajadores que no tiene resuelto su estado migratorio el abuso y la explotación es peor.




En todos estos casos predomina la gran necesidad de las personas trabajadoras, que aprenden a “sobrellevar” ese trabajo y su condición explotadora. Esto lo comparo al hogar donde hay abuso doméstico, donde nadie deja el hogar porque el miedo les paraliza, y fuera de allí piensan que no van a sobrevivir, que sin su agresor van a perecer, o que ilusamente creen que algún día, mañana quizás, el agresor va a cambiar.

Al final de cuentas, mi familia ha crecido además de mi hijo, e mi madre, también las madres de las escuelas, iglesia, grupos comunitarios, mis compañeros de trabajo, y las personas trabajadoras que también son parte de mi familia. En esta lucha se aprende mucho.

Así que los compartiré algunas realidades y situaciones sobre lo que me he encontrado en le camino de la abogacía y los intercambios las personas trabajadoras, los negocios y otros de la comunidad.


LA CONTINUA EXPLOTACIÓN Y PROPINAS COMO SUELDO

Parte de mi trabajo es “educar” a los negocios. Así que empecé a visitar los negocios sobre el incremento del salario mínimo en la ciudad de Pasadena, varios restaurantes de alta categoría me decían que estaba bien el salario para cierto grupo de trabajadores se les pagará más, pero era muy injusto que a un mesero se le subiera el sueldo ya que se llevaban un montón de dinero en propinas.

Esta manera de pensar es una práctica común de los empleadores y plagada de excusas y trampas para evadir sus responsabilidades laborales. Aquí el mensaje es muy sencillo, si trabajas duro y eres amable con una bonita sonrisa te irá muy bien, y sí no ganas bien es tu culpa, por no ofrecer buen servicio al cliente, lo tomas o lo dejas. Por eso les gusté o no deben pagar $15 por hora a toda la clase trabajadora sin excepción

TESTIMONIOS DE LA CLASE TRABAJADORA

No pudo hablar de mi historia sin mencionar las historias de la comunidad trabajadora, porque hay miles de casos, miles de ejemplos, de lo que sufre un inmigrante persiguiendo el “sueño dorado”. La cruda realidad del trabajador es de abuso constante por parte de muchos patrones. Aunque que hay trabajadores que pueden buscar otras posibilidades, el patrón siempre tendrá víctimas de quien aprovecharse, ya sea por la gran necesidad, el miedo, o ambos.

Un día platicando con José, me conto lo siguiente, “el patrón seguido tiene juntas y convive con nosotros, lo hace para conocernos mejor. Ahora él sabe quien sería capaz de reportar abusos.” Así se pone mas abusado para robar nuestro salario y salirse con la suya. Por ejemplo, les dice, “Esta es la cantidad que puedo pagar, la tomas o lo dejas”. Si el trabajador decide aceptarlo o no, al patrón no le preocupa porque hay 20 esperando ese trabajo, o aun más fácil, los mismos trabajadores traen a un familiar, vecino o amigo, que ya de buenas a primeras sabe lo que se paga y lo acepta, aunque sea menos de lo que dicta la ley. El continúa diciendo, “Si yo denuncio el robo de sueldo, el va a saber que fui yo, y me va a correr de mi empleo. Entiendo que se puede agregar otra demanda más por retaliación, pero mientras yo encuentro trabajo, quien va a poner la comida en mi mesa. Quien va a pagar mi renta. Si mi caso se va a las cortes corro el riesgo de que cuando salga me este esperando inmigración.” “Entonces, ¿quién va a mirar por mi familia?”

Este trabajador está acostumbrado a ganar la cantidad que gana. Todo lo tiene exactamente calculado, lo que necesita para la renta, los pagos, dejando al último la comida que a veces consiste en frijoles y sopas de vaso, porque ya no le queda para más.

En el caso de Lorena, quien recibe ayuda del gobierno. Ella usa su creatividad y cuando festeja los cumpleaños de sus niños. Con esa poca ayuda que recibe de el gobierno compra lo necesario para hacer una buena comida y bebidas para la fiesta. Manda invitaciones a sus conocidos asegurándose de poner la talla de ropa del festejado. El día de la fiesta toca música alegre para bailar. Eso le funciona muy bien para que los niños tengan ropa nueva que estrenar, porque usualmente visten ropa de segunda. Pero como ella dice, “aunque recibo dinero para la comida, aun así, no puedo comprar otras cosas indispensables como pañales, detergente, pasta de dientes, cosas para limpiar su casa.”

Como ven para la vida del inmigrante es siempre más difícil, hasta para conseguir cosas con precios justos en sus compras. Por ejemplo, el vendedor de carros siempre vende a precio más alto, y es un dilema porque el carrito sirve para irse a trabajar. El prestamista le da un interés más alto por no tener un crédito establecido o no tener papeles. Así es que, al trabajador, muchas le rechazan o supuestamente quieren deportar, pero a la vez casi todos buscan enriquecerse del mismo.

DONDE PISA UN INMIGRANTE EL SUELO SE ENRIQUECE Y FLORECE

Un día platicando con un hombre anglosajón, me decía que el no entendía porque el inmigrante decide dejar su país, y venir a pasar penas y sufrir estando alejado de su país y sus seres queridos, el decía que trabajo hay en todas partes. En parte es cierto, la mayoría de inmigrantes vienen y se quedan en una situación muy difícil. El presente aquí, con la mirada en el futuro. Anhelando un día poder regresar y hacer lo suficiente para poder construir sus casas allá, y poderse retirar tranquilamente en su país.

Pero mientras llega ese día, está viviendo con un salario que no alcanza a cubrir su renta, comida, gastos y otras necesidades humanas. Se la pasan buscando la manera de ahorrar un cinco. Si es soltero, usualmente se muda a vivir con un grupo de 5, 7, 10 hombres. Viviendo en un apartamento donde quizás ni camas tengan y se tiran en el suelo a dormir sin privacidad alguna. A veces siendo víctima de robo entre ellos mismos, o en caso peor viviendo como vagabundo, durmiendo en montañas o debajo de puentes. Donde aparte de sufrir a la intemperie, eventualmente los explotan

Los que traen a sus familias, en algunos casos, se unen a una o dos familias más para compartir un apartamento pequeño o una casa. Cada familia vive en una sola recamara con sus hijos. Soñando que un día sus hijos puedan ir a universidad y tener una vida mejor de la que ellos les pueden ofrecer.

Mientras tanto, ¿cómo crecen estos niños? Expuestos a tantos riesgos, abuso físico, sicológico o cuidando de que si se enferma uno, los demás no se contagien. Entre tantas personas es imposible mantener la higiene y limpieza especialmente si se “convive” con ratas y cucarachas.

En muchas ocasiones teniendo que sobrellevar 2 o 3 trabajos, para poder cubrir sus gastos y ayudar a la familia que dejaron en su país. Siempre mandando un centavo extra para poder edificar la casa de sus sueños en su país. Cuando voy al pueblo en mi Padre, en Mexico, miro casas tan bonitas y grandes. Al buen estilo de las casas de este país. A veces solas y hasta derrumbándose por estar abandonadas. En algunas veces el dueño no logro llegar a ver su casa construida, porque perdió su vida en este país, o regresan cuando sus Padres y lo más queridos ya no están presentes. Muchas de las veces sin siquiera poderse haber despedido y darles un último abrazo.

Finalmente, con estas historias y una realidad poco apetecible, como se han dado cuenta esta lucha es interminable y larga, a veces muy estresante y cansada. ‘Siempre me pregunto,

¿Vale la pena el sacrificio?

Claro, que sí.

Venimos de tantos países y nos volvemos familia. Nos enriquecemos conociendo y conviviendo con otras culturas y tradiciones, comidas y costumbres que en nuestros propios países tal vez nunca hubiésemos conocido. Somos resilientes, fuertes ante los tiempos malos. Entre más bajo nos empujan más unidos estamos y más nos apoyamos. Donde pisa un inmigrante el suelo se enriquece y florece. No somos la carga social ni criminales como nos quieren describir.

Este país es un arcoíris que brilla, vibra y se alegra cuando festejamos y contagiamos con esta alegría, este es un gran país porque es un país de inmigrantes.

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